Campo de Batalla: Shyish – Decorando peanas

Ya llego. El otoño ya llegó y los árboles empiezan a dejar caer sus hojas. Al menos aquí en el norte… El caso es que en esta época es también cuando el abedul suelta sus semillitas, las cuales, a los ojos de un modelista, pasan claramente por hojitas a escala. De hecho, muchas tiendas de modelismo venden bolsas o cajas con estas semillas por un módico precio. Para miniaturas de 54 mm van perfectas, pero para 28-30mm el tamaño de las hojitas quizás vaya un poco justo. En todo caso, no pude resistirme y me lancé a pintar las hojitas de color morado a juego con mis no muertos. A continuación os diré como lo he hecho.

Primero, necesitamos las semillas de abedul. O bien las compramos en nuestra tienda de modelismo más cercana (son relativamente baratas, sobre los 5 euros el paquete). O bien nos lanzamos a la calle o monte en su busca. A decir verdad no sé cuanto abedul hay en España (es un árbol que necesita bastante agua y suele crecer cerca de los ríos), pero aquí en Finlandia los hay a patadas. Aprovechando una visita que hicimos a una amiga en el centro de Finlandia, en un parking me tiré al suelo y bolsa en mano la llené de semillas, alguna que otra colilla y varios pelos espero que de un perro (esto deja en evidencia que quizás la mejor opción sea dejarse esos cinco eurillos en la tienda…).

A continuación, viene el paso más complicado: pintarlas. La idea era “teñirlas” o pintarlas ligeramente de color morado, de tal manera que el color marrón original -variable entre semillas- diese varios tonos de morado. Para ello, necesitaremos el aerógrafo. Pero claro, ponte tú a tirar con el aerógrafo directamente en la bolsa: lluvia de semillas. No, no podemos pintarlas directamente, tal cual. Siguiendo los consejos del gran Miguel, utilice un pastillero de plástico con tapa. Con una cuchilla perforé en varios sitios la tapa para hacer pequeños orificios por donde el aire podría salir (sin que se salgan las hojas). Y en el centro hice un agujero más grande, suficiente como para meter la boca del aerógrafo, pero no tan grande como para que las hojas se escapen.

Una vez listo el instrumento, llené el pastillero de hojitas y puse la tapa. Y a continuación aerografié pintura morada bastante diluida (1:1) con el correspondiente thinner. El mismo aerógrafo creará una corriente de aire suficiente para remover las hojas y asegurar que 1) éstas no se peguen entre sí por la pintura y 2) que la pintura llegue a todas y a todos lados. En realidad esta es la teoría, porque en la práctica fue un poco más complejo.

Tras un rato peleándome con el aeroógrafo, este fue el botín:

A continuación, utilizando cola blanca y unas pinzas, fue pegando las hojitas de una en una o en grupitos sobre las peanas de mis no muerto. He de decir que el efecto sobre las peanas grandes (el dragón zombie) es espectacular. La combinación de las hojitas con la valla del cementerio crea un efecto tétrico perfecto para la figura. Sin embargo, las hojitas quizás vengan un poco grande para las miniaturas más pequeñas.

A vosotros, ¿qué os parece?

 

 

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