Airsoft: mi primera “MilSim”, TSTOS Parola (Finlandia)

Seguro que muchos de los que nos leéis también tenéis como hobby el airsoft. Yo empecé a jugar un par de años antes de mudarme a Finlandia, y al final aquí encontré un buen grupo de jugadores con quienes seguir dándole. En esta entrada nos gustaría enseñaros en forma de diario como ha sido mi primera “militar simulation” o MilSim de dos días, que tuvo lugar en Parola, cerca de Hämeenlinna (Finlandia): TSTOS Parola; donde nos juntamos cerca de 600 jugadores. Ocho de ellos veníamos desde Joensuu, en un viaje de 6 horas en coche…

In the January 2018 state of Finland drifted into another civil war in its history while the political dispute divided the country into two factions escalating first from small skirmishes in a few weeks to a full-scale war. As the crisis built up civilian population and the Finnish armed forces were divided to support different factions.

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Día 1

Tras apenas cuatro horas de sueño, pero con una motivación absoluta, nos pusimos en pie para empezar a preparar el equipo y comer un poco para ganar fuerzas. Una hora más tarde, estábamos delante de la tienda del Cuartel General para pasar la inspección de nuestro equipo, y dejar nuestros vehículos civiles en un área preparada con tal propósito. Allí nos esperaba un camión con una casamata blindada para traernos de vuelta a nuestro campamento base, el equipo Amarillo o los leales al gobiern o de Finlandia. Nuestro pelotón se apretujo como pudo dentro del reducido compartimento de suelo metálico. Dada la altura, la única opción era ir sentados. No sabíamos por dónde nos movíamos, dado que no había ninguna abertura; y solo podíamos vernos los unos a los otros gracias a una tenue iluminación por leds. Unos ventiladores en la parte superior de la casamata aseguraban un continuo suministro de aire cuando el vehículo estaba en marcha. Tras una traqueteada ruta durante 10 minutos, finalmente el vehículo blindado se detuvo y pudimos apearnos. Teníamos una hora para descansar antes de recibir nuestras órdenes, la cual aprovechamos para terminar de prepararnos y comer un poco más.

A la 1230 nos mandaron formar por compañías. Las fuerzas leales  se componían de cuatro compañías de infantería, una compañía de infantería mecanizada con sus transportes y una compañía de reconocimiento. Unos 200 soldados. Como apoyo blindado, contábamos con una autoametralladora.  Nuestro pelotón fue adherido a la compañía Charlie, recibiendo la denominación Charlie 2.  La misión estaba muy clara: defender nuestras posiciones. En la encarnizada Guerra Civil, éramos las últimas fuerzas restantes leales al gobierno. Debíamos resistir a toda y no ceder un ápice de terreno. Tras la perorata general, el comandante de nuestra compañía se reunió con los líderes de cada pelotón para dar unas instrucciones más precisas. Nuestra compañía defender la zona sur de un cruce de carreteras situado a kilómetro y medio del campamento. A nuestro flanco derecho contaríamos con la compañía Delta; al otro, Bravo.

 

A las 1300 recibimos las órdenes de ponernos en marcha. El convoy de la compañía mecanizada salió en primer lugar escoltado por la automaetralladora. Debían asegurar el cruce de carreteras hasta que la infantería los relevara. Las tropas mecanizadas contaban con dos transportes, uno de ellos blindado (el mismo que usamos nosotros para llegar al campamento). El segundo vehículo era del mismo tipo, pero con una casamata abierta que permitía alojar al doble de soldados. Un par de quads cerraban el convoy. El resto de las fuerzas se dirigieron a píe hasta sus posiciones, cubriendo ambos lados del camino polvoriento y dejando cinco metros de distancia entre cada soldado por si éramos emboscados. Alguien grito “Vehiculo!” y todos nos pusimos cuerpo a tierra en los márgenes de la carretera. Al poco se acercó un civil en moto que nos saludó. Por suerte para algunos, los transportes vinieron a nuestro encuentro una vez dejaron a las tropas mecanizadas. Nosotros no fuimos afortunados, y nuestro pelotón continuó a pie hasta el cruce de carreteras. Llegamos por la zona este y nos encontramos con un pelotón de la compañía Delta cubriendo esa zona. Recibimos órdenes de cruzar la carretera y tomar posiciones defensivas. Tras avanzar unos 100 metros por el interior del frondoso bosque localizamos una posición elevada donde nos parapetamos para cubrir la zona oeste y sur. Tras una hora sin ninguna novedad, salvo las picaduras de mosquitos, escuchamos como uno o más vehículos se aproximaban desde el oeste. Inmediatamente, una ametralladora pesada empezó a hacer fuego a discreción. Posteriormente descubriría que era fuego enemigo, proveniente de una ametralladora en afuste exterior colocada  en la cabina del vehículo de transporte enemigo. El ruido de granadas y fusilería no cesó durante los siguientes 20 minutos. Nuestro pelotón estaba deseoso de entrar en acción. Pero las órdenes estaban claras: mantener la posición. No obstante, nuestras fuerzas no debían de estar pasándolo bien (el fuego de la ametralladora pesada no cesaba). Nuestro jefe de pelotón fue al encuentro de los oficiales de las unidades aliadas que teníamos al norte, y desde allí nos encomendó avanzar hacia el sur e intentar flanquear a las fuerzas enemigas. Nos pusimos en marcha inmediatamente. Tras avanzar otros 100 metros, el oficial en funciones de nuestro pelotón me ordenó proteger esa posición en caso de que tuvieran que retirarse. Busque un buen escondite detrás de unos matorrales y esperé durante otros 20 minutos. Luego me enteraría de que nuestro pelotón desistió de atacar al encontrarse ampliamente superado en número y potencia de fuego, por lo que se retiraron hasta mi posición. Y desde ahí, volvimos a ocupar nuestras antiguas posiciones en lo alto de la colina. Volvimos a escuchar el sonido de motores. No sabíamos a qué bando pertenecerían. Debían de ser de los nuestros dado que la ametralladora enemiga pronto enmudeció; y poco después, el resto de fuego de fusilería. Una vez más, el frente estaba calmado.

 

Con el frente estabilizado, recibimos órdenes de reubicarnos y cubrir un frente más amplio. Nos enrocamos en la colina que ya poseíamos y nos dispusimos en forma de L, con el brazo largo cubriendo un camino situado al noroeste (de dónde provenía la lucha anteriormente); y el brazo corto cubriendo el sur. Yo era el último hombre del brazo corto, por lo que también debía vigilar el este y establecer contacto visual con un soldado de Charlie 1. Por suerte la colina contaba con multitud de pozos de tirador y escogí uno donde podía vigilar estando tumbado boca arriba. La guerra no tiene por qué ser incomoda! El tiempo pasaba y la única distracción era alejar a los mosquitos de mis brazos y cara. Me entró hambre, así que me descolgué la mochila, quité el casco y demás parafernalia de la cabeza, y me comí un par de buenos sándwiches y un par de chocolatinas. Eran las 1630. Tras beber abundante agua –hacia bastante calor y la humedad era espantosa-, me puse de nuevo todo el equipo. Me arrepentí inmediatamente de haber comido tan copiosamente. La falta de sueño unido a la comida abundante fue una mezcla explosiva, y empecé caerme dormido. Desde el primer momento sabía que era una batalla perdida, pero intenté lucharla. Al cabo de un rato, cerré los ojos convenciéndome a mí mismo que sólo era para descansar un momento. No sé cuánto tiempo pasó durante ese semi trance –no llegue a dormirme-, pero el fuego de fusilería dirigido prácticamente a mi pozo de tirado (seguramente se dirigía a la posición de mi compañero) me hizo ponerme en alerta de inmediato. -Contacto! contacto desde el este!, comuniqué por el canal de nuestro pelotón. Me agazapé, y escuche como mi compañero y líder de pelotón me preguntaba a viva voz si había sido impactado –No!, estoy bien; pero no se desde dónde proviene el fuego, respondí. Utili

zando un árbol como cobertura, empecé a peinar el campo de batalla desde la mira de mi rifle. Nada. No había ningún movimiento. A los diez minutos vi como a un par de centenares de metros algunos soldados avanzaban hacia el sur. Debían de ser de los nuestros, dado la dirección que seguían. Le pregunté a mi jefe de escuadra, pero no sabía nada. Seguíamos sin saber desde donde había venido aquel fuego enemigo. Sin embargo, ahora observé a otro grupo de diez soldados que se dirigían desde el este directamente hacia nuestra posición. Iban deprisa, pero no parecían vigilar los alrededores. Debían de ser de los nuestros. Un momento, ese lleva una banda roja en un tobillo. Sólo las tropas de reconocimiento podían llevar los “brazaletes” en los tobillos. Eran rebeldes! eran enemigos! Recoloqué el rifle en una posición más cómoda, y abrí fuego a discreción. Dos de ellos cayeron inmediatamente y el resto se dispersó buscando cualquier cobertura. Mi posición a la izquierda del tronco de árbol que me serbia de cobertura solo me permitía hacer fuego sobre parte del pelotón enemigo. Dos de ellos echaron una carrera para dirigirse más hacia el nordeste. Pero empezaron a recibir fuego desde las posiciones de Charlie 1. Los enemigos no debían de saber desde donde les estaba disparando, porque nunca recibí ningún impacto cercano. Continúe disparando a los objetivos agazapados, y tuve vigilados a los dos solados que había derribado para que no fueran rescatados por el medico enemigo. El fuego enemigo se recrudeció hacia la posición de mi pelotón y escuché como uno de los nuestros había caído. Tras unos minutos de calma, llegó una unidad volante en nuestro apoyo fuertemente armada con un Barret y una ametralladora ligera. Recibimos órdenes de avanzar junto a ellos y limpiar la zona. Avanzamos con calma unos 50 metros, cuando empezamos a escuchar un fuerte ruido de fusilería hacia el sur de nuestra posición. La unidad volante había hecho contacto. Nuestro pelotón siguió avanzando en forma de L hasta alcanzar una densa arboleda, donde desdoblamos el brazo corto y avanzamos en línea hacia el sur. Dos de nosotros ocupábamos una planicie, mientras que el resto del pelotón cubría la zona desde la colina. Nuestro pelotón estaba mermado, debido a que habíamos enviado a nuestro francotirador y un fusilero en apoyo de la compañía volante. Objetivos a nuestras 12. El tirador selecto del pelotón empezó a hacer fuego en esa dirección. Yo me sume, pero simplemente como apoyo supresor, ya que mi fusil no tenía alcance suficiente. Vacié cuatro de mis cargadores y decidí recargar por si las cosas se ponían peor (solo me quedaban tres, dos de ellos de capacidad reducida). Me parapeté lo mejor posible detrás de una roca y me puse a recargar. Desafortunadamente, el enemigo aprovecho mí interrupción y nos flanqueo desde la arboleda situada al este. Yo era el último hombre de nuestra línea, y debe ser que Charlie 1 no avanzó para cubrirnos, dejando un hueco entre nuestras unidades lo suficientemente grande como para que el enemigo se colase sin ser visto. Recibí dos impactos en el brazo; y acto seguido, nuestro tirador selecto también fue impactado. –Medico! gritamos, pero en vano. El resto de nuestro pelotón se vio obligado a retroceder, y nos dejaron a merced de nuestros enemigos. Poco después las tropas rebeldes ocuparon nuestra posición. Uno de ellos se acercó a mí, con ánimo de capturarme e interrogarme de vuelta en su campamento. Sin embargo desistió al ver que solo hablaba en un perfecto castellano – Tio, no sé qué coño dices!, a mi háblame en cristiano!, y me paso a cuchillo para ahorrarme el sufrimiento. Junto al tirador selecto de nuestro pelotón, me dirigí a nuestra base a paso ligero. Dos kilómetros después nos encontramos a prácticamente la totalidad de nuestro pelotón allí esperando. Habíamos sido diezmados y probablemente habíamos perdido la posición.  En su retirada, el medico de nuestro pelotón había conseguido flanquear y anular a dos enemigos. Uno de ellos resultó ser un líder de escuadra, que capturo de forma inmediata tras curarlo. Usando el primer transporte que encontró, lo llevo de vuelta al campamento base para ser interrogado. Se negó en rotundo a colaborar; pero tras amenazarlo con arruinarle la partida (dejarle dos horas sólo en la cantera, y después dejarle recorrer a pie los cuatro o cinco kilómetros que separaban nuestras bases) cedió a contar todo lo que sabía a cambio de ser liberado de inmediato y contar con un transporte de vuelta.

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Teníamos una misión asignada dentro de una hora, por lo que varios miembros del pelotón decidieron quedarse para descansar. Yo quería socorrer a nuestros compañeros, por lo que me acerque hacia el transporte de tropas para solicitar transporte. Sin embargo, no saldría hasta dentro de 30 minutos; por lo que decidí recorrer los dos kilómetros y medio a pie.  Me encontré con un control de seguridad en el primer nudo de carreteras a un kilómetro de nuestra base. Dos hombres custodiaban cada una de las ramificaciones, mientras que dos grupos de apoyo cubrían la zona desde dos zonas elevadas. Cuando me acerqué justamente llegaba un vehículo ciclomotor civil. Nuestros solados les dieron el alto y les interrogaron. Tras una breve charla, les dejaron pasar. Continúe avanzando por la polvorienta – y a veces embarrada- carretera. No paraba de cruzarme con soldados aliados que habían sido heridos e iban de vuelta al campamento. Nos habían dado duro. Por fin me acercaba hacía la encrucijada que había sido nuestro objetivo esa misma mañana. A lo lejos, podía ver un gran grupo de nuestros soldados derribados esperando a un transporte. Sin embargo, en ese momento escuche dos disparos desde la parte derecha de la carretera, que me impactaron en el pecho y pierna. Una emboscada. Fantástico. A recorrer el camino recorrido de nuevo. Como en el caso anterior, cada poco tiempo debía hacerme a un lado para dejar pasar a los vehículos de transporte Defender (jeeps) o los camiones blindados.

Al llegar al campamento, tan solo tuve tiempo para comer un poco y beber agua. Todos reagrupados, nos pusimos en marcha hacia nuestra siguiente misión: relevar a la unidad que estaba protegiendo el nudo de carreteras durante las siguientes dos horas. Al llegar, nuestro líder de pelotón se reunió con el jefe de la unidad aliada y con el comandante de la compañía, dado que ahí había establecido su Cuartel General de campaña. A nuestra unidad se le habían unido otros dos elementos de Charlie. Un total de veinte soldados nos dividimos entre las diferentes carreteras, y yo tome posición en la zona elevada para dar fuego de cobertura si fuera necesario. Uno de nuestros tiradores se encaramó a lo alto de una torre de caza para tener mejor visión. Cada poco tiempo pasaba un vehículo de transporte desde y hacia el frente. Los vehículos identificados con una bandera amarilla no eran detenidos. En cierto momento llego un todo terreno de la ONU con varios boinas azules. Tras una discusión con nuestros oficiales, les dejamos pasar de camino al sur.  Poco después, escuchamos ruido de cadenas. Y al poco, vimos a lo lejos un vehículo blindado dirigiéndose hacia el control. Al grito de “Panseeri!, Tanque!, tanque!” todos nos miramos con incredulidad –no teníamos armas antitanque y no nos habían adjudicado ninguna mina antitanque- y corrimos a escondernos. Cuando el tanque, un BMP1, estuvo lo suficientemente cerca observamos que en realidad era de nuestro bando. Menudo susto! Pasó traqueteando a toda máquina, escoltado por un Toyota camuflado con varios hombres situados en el compartimento trasero. Para mantener la seguridad, nos íbamos turnando para patrullar los diferentes caminos y detectar cualquier amenaza. No más de cien metros, y volvíamos. Una de estas patrullas anunció movimientos sospechosos hacia el sureste. Nuestro pelotón recibió la orden de tomar posiciones y proteger el nudo de carreteras en dicha posición. De nuevo localicé un buen agujero, donde me agazapé. Nuestras patrullas se doblaron para intentar localizar la posible amenaza enemiga. Tras otra hora, nada había pasado. Y yo esta vez sí que caí dormido (menos mal que no había pasado nada por mi zona!). Me desperté a la voz de uno de mis compañeros. Teníamos nuevas órdenes. Debíamos recorrer kilómetro y medio y esperar a un vehículo de la ONU para escoltarlo. A paso ligero nos dirigimos hacia el punto de encuentro por la carretera. Llegamos a los 15 minutos y no había ni rastro de las tropas de la ONU. La posición era difícil de defender, dado que era un cruce de carretas con forma de Y, situado en una pequeña colina. Nosotros solo éramos seis soldados. Nos separamos para cubrir todas las zonas de avance. El médico y yo fuimos asignados a la carretera sur; yo me agazapé en la inundada cuneta, mientras que mi compañero se metió dentro del bosque. Estaba oscureciendo y la visibilidad era muy reducida. A los 10 minutos escuchamos el ruido de un coche a nuestras espaldas. La ONU había llegado. Formamos alrededor del vehículo y acto seguido nuestro jefe de escuadra nos ordenó avanzar hacia el pueblo de pescadores, donde debíamos dejar a las tropas de la ONU. Cinco soldados nos colocamos delante del vehículo, dejando cinco metros entre cada uno; y otro protegía la retaguardia. A paso calmado para evitar emboscadas, recorrimos otro kilómetro. Allí dejamos que el vehículo de la ONU se dirigiera solo hasta el poblado, dado que la zona estaba en nuestras manos. Durante la espera empezamos a escuchar un gran estruendo hacia el este. Justo desde el nudo de carreteras que habíamos estado protegiendo hacia un momento. Las granadas no dejaban de sonar, así como el fuego de fusiles y ametralladoras. Estábamos perdiendo la posición. Pudimos observar a lo lejos como uno de nuestros transportes que provenía de la base era detenido por el fuego de supresión del enemigo, y las tropas desembarcaban a toda velocidad, tomando posiciones en las cunetas e intentando avanzar por el bosque para flanquear al enemigo y recuperar el nudo. El vehículo de la ONU llego en ese momento, y recibimos la orden de volver a escoltarlo de vuelta al mismo punto de reunión. Esta vez, yo cerraba la escolta detrás del vehículo. Eran cerca de las 2400, estábamos casi exhaustos y la visibilidad era ya casi nula. Tras recorrer unos 300 metros, pude ver desde mi posición unas luces en el margen elevado a la derecha del camino. En el bosque. Mis compañeros debían de haberlas visto también, pero no daban señales de ello. Iba a dar la señal de alarma cuando los soldados desde el bosque preguntan que quienes somos. Sin esperar respuesta, abren fuego y acaban con tres de nuestros soldados que habían intentado en balde buscar refugio en las cunetas. El jefe de escuadra, que se había salvado, y ordena al vehículo de la ONU dar marcha atrás y a mi seguir escoltándolo hasta el siguiente desvió. Él esperaría a las tropas enemigas para emboscarlas a su vez. Al llegar al primer desvió el conductor me comunica que habiendo perdido la escolta, ya intentarían ellos llegar a su destino por su cuenta. Yo recupero a uno de nuestros soldados que se habían quedado rezagado, y vamos al encuentro de nuestro líder de escuadra.

Tras esperar durante 20 minutos, decidimos que nuestros cuerpos han tenido suficiente por ese día y nos dirigimos de vuelta a la base. Pasamos por el nudo de carreteras que había sido protagonista de fuertes combates un rato antes y descubrimos que vuelve a estar en nuestras manos.  Nuestro jefe se dirige a hablar con el oficial de turno para recabar información. El otro soldado y yo continuamos el camino de vuelta. En ello nos encontramos a tres solados aliados abriendo fuego hacia una de las cunetas; y desde lo alto de la colina situada detrás de dicha cuneta podemos ver varias siluetas moviéndose. Tras intercambiar el santo y seña, descubrimos que son aliados, que también tiene por objeto “algo” situado en la cuneta. Mi compañero se lanza cuerpo a tierra y empieza a vaciar un cargador tras otro. Yo me lanzo a la profunda cuneta y me adelanto para hacer fuego de enfilada. Tras intercambiar disparos durante otros cinco minutos, finalmente los quince o veinte solados que estábamos rodeando la posición acabamos con él. Era un lobo solitario que se había acercado demasiado a nuestra base. Continuamos el camino de vuelta sin más percance, y nos echamos a dormir. Eran las 0100.

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Día 2

El despertador debió de sonar a las 0900, pero nadie lo oyó. No sería hasta las 0930 cuando nuestro comandante se pasó por nuestra tienda al ver que nos habíamos saltado la revista. Debíamos estar preparados con todo el equipo en 30 minutos; si bien estábamos ahora en la reserva. Más adelante se nos informó de que debíamos esperar hasta las 1200 para dirigirnos a nuestra nueva posición. Aprovechamos el tiempo para descansar y comer, y me fui con nuestro médico a la zona “off game” para comprar un refresco. Pero necesitábamos un transporte para recorrer los cinco kilómetros que había de distancia. Justo en ese momento se acercaba un camión militar con un depósito de agua, para rellenar el bidón que nos servía de reserva en la base. Tras ayudarle a rellenar el bidón, nos ganamos un pase hasta la zona offgame, montados en la cabina de un camión 6×6 de 5 toneladas y neumáticos de Nokia. En el camino nos encontramos de nuevo con el BMP1 que se hace a un lado para dejarnos pasar; y vemos por primera vez como las fuerzas enemigas se organizan (el camino de vuelta pasa cerca de la base enemiga). Vemos como varias unidades plantan minas en la carretera y tratan de ocultarlas con un poco de vegetación. Y para consternación nuestra vemos lo bien equipadas que están sus tropas mecanizadas, con varios vehículos acorazados dotados de armamento en afuste exterior. Tras comprar lo que queríamos en la zona offgame, necesitamos un nuevo transporte de vuelta. No vamos a ir caminando! Tras esperar un poco, conseguimos que un 4×4 Defender nos lleve en el asiento trasero. Al acércanos a nuestra base vemos que nuestros vecinos rusos del campamento base son los encargados ahora de defender el famoso nudo de carretera. Lo han organizado mejor, de tal manera que cualquier vehículo que llegue por la carretera principal tiene que desacelerar para zigzaguear entre una valla y un par de zonas minadas. Al llegar a nuestra base nos encontramos con que el resto de nuestro pelotón ha partida ya, sin nosotros. Nos equipamos a toda velocidad y nos dirigimos a la tienda del HQ para infórmanos sobre al posición de nuestros camaradas. Nos comunican que están cubriendo el flanco de la compañía bravo, a más de 3,5km de nuestro campamento. Compungidos, intentamos conseguir un nuevo transporte. Pero no tenemos suerte esta vez. Decidimos hacer el camino a pie. Nos encontramos con algunas tropas aliadas en el camino, que nos informan que el camino que seguimos es totalmente nuestro hasta llegar a nuestras posiciones. Veremos soldados aliados por doquier en los márgenes. Vemos pasar a la autoametralladora a toda velocidad llevando a dos soldados montados en el capó. Nos saludan al pasar. A los 10 minutos, volvemos a encontrarnos con la autoametralladora; a la que hacemos el signo de autostop. La susodicha se para y nos invita a subirnos de aquella manera al capó inclinado, donde nos tumbamos y agarramos a cualquier sitio.  De esta pintoresca manera recorremos los restantes 500  metros, hasta llegar a nuestras posiciones de avanzada. Al llegar nos encontramos a nuestro comandante, que se alegra de encontrar los restos de Charlie 1 y nos informa de la última posición de nuestra unidad. Nos encontramos en un “rally point” o punto de concentración, ya que muchas más unidades se acercan. El ataque es inminente. Tras investigar la zona, finalmente damos con nuestro pelotón, cubriendo una carretera en la zona norte desde una zona boscosa, libre de vegetación y salpicada de nidos de tirador reforzados con ramas y piedras. Nos dispersamos para cubrir la mayor distancia posible, y esperamos órdenes. Pasa otra hora, y nos comunican que debemos volver al punto de reunión, donde nos esperan unos transportes. Recorremos el camino de vuelta para encontrarnos a nuevas unidades que nos relevan. Estamos cerca de la base enemiga y debemos mantener la presión en la zona. Nos esperan un camión de 5 toneladas y dos 4×4 Defenders. Nos informan que nos hemos convertido en una unidad aerotransportada y nos vamos a dirigir a un punto indicado por nuestras tropas de reconocimiento. Junto a un compañero, nos subimos a la parte trasera del camión de transporte, donde nos ponemos cómodos en nuestras posiciones. El resto de nuestra unidad es acomodado en los 4×4. Esperamos otros 15 minutos dentro del camión con otros 10 soldados. Probablemente estemos esperando a que la zona de desembarco esté limpia. Al pcoo, nos ponemos en marcha. No podemos ver nada, ya que una lona cubre el compartimento de carga. Pero tras 10 minutos rodando por los caminos de tierra y llenos de baches (los cuales son especialmente terribles cuando el camión no tiene suspensión) podemos ver por una rendija que hemos salido a una carretera asfaltada, donde el camión empieza a coger velocidad. Hemos debido de salir del área de juego para despistar a las tropas enemigas. Tras otros diez minutos, volvemos a la carretera polvorienta y llena de baches; y tras otros 10 minutos, llegamos al punto de desembarco. Nos situamos en una carretera flanqueada por profundas cunetas y con densa vegetación, si bien no hay árboles. Nada más desembarcar, tomamos posiciones en las cunetas; donde para nuestra sorpresa encontramos a nuestras tropas de reconocimiento escondidas, quienes han estado esperándonos. Hemos sido informados de que por esta zona debe haber varios elementos del bando azul (un tercer bando, unknown, que lucha contra todos y está formado por “tropas de operaciones especiales” que no tienen campamento base y duermen donde pueden). A Charlie 1 y otros elementos de Charlie se les ordena peinar una zona de altos arbustos. Nos situamos a distancia de 5 metros unos de los otros, y cubrimos un área de 50 o 100 metros; mientras avanzamos con paso decidido hasta llegar a un arboleda que da comienzo a un bosque más denso. Allí nos encontramos al resto de la compañía Charlie aerotransportada y la sección de reconocimiento, que se han adelantado desde otro camino. Avanzamos conjuntamente hasta una carretera. En el extremo de la misma vemos un camión blindado aliado y escuchamos un intercambio de disparos. Cruzamos la carretera a toda velocidad y tomamos posiciones en el bosque, apuntando hacia la posición desde la que se supone deben avanzar los enemigos. Esperamos otros 15 minutos en nuestros pozos de tirador cuando se nos ordena reunirnos de nuevo en la carretera. Ni rastro de enemigos, ni azules sin rojos.

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A los gritos de Alá es grande! nos enteramos de que tenemos que seguir la orden suicida de capturar uno de los pueblos en manos del enemigo. Somos solo unos 40 soldados y nos informan de que la mayoría caeremos, y tendremos que recorrer a pie 4 ó 5 kilómetros (esto es peor que la muerte…). Coreando Ala es grande, nos lanzamos a la carga. Al recorrer unos 100 metros, hacemos contacto con el enemigo situado en lo alto de una colina. Nuestra unidad está algo retrasada  y nos salimos de la carretera para dispersarnos por el bosque. Tomamos el flanco izquierdo y avanzamos. Las unidades en cabeza, las que entraron en contacto, disparan con todo lo que tiene colina arriba y se escuchan múltiples detonaciones de granadas. Desde nuestra posición podemos ver múltiples enemigos disparando a nuestros aliados. No nos esperan desde esta posición. Abrimos fuego y abatimos a varios de ellos. Avanzamos poco a poco usando toda la cobertura que tenemos a nuestra disposición. Localizo una pequeña elevación coronada con helechos y avanzado agazapado. Inmediatamente nuestro francotirador se coloca a mi derecha y otro soldado a mi izquierda, quien abre fuego a boca jarro contra otro de nuestros soldados que misteriosamente sale de detrás de unos árboles corriendo hacia nuestra dirección. “Médico” gritamos a coro. Mi bolsa de descarga se empieza a llenar de cargadores vacíos. Nuestro jefe me ordena moverme más a la izquierda y darle cobertura mientras llega el médico. Me deslizo hasta una piedra que utilizo como casamata, y abro fuego contra un soldado mal parapetado tras un árbol. Aprovecho la euforia para recargar un par de cargadores; y me vuelven a ordenar abrirme más hacia la izquierda, donde tenemos a otros dos soldados del pelotón avanzando. Me dirijo hacia ellos mientras escucho como el fuego de fusilería va mermando, mientras las bajas enemigas se agolpan al lado de su camión de transporte. Debía de tratarse de una unidad mecanizada enemiga, a la que hemos aniquilado. Luego me enteraría de que en realidad eran tropas de la ONU, las que nos habían cortado el paso para abrir fuego a continuación, si bien ellos dirían que fuimos nosotros quienes disparamos primero. Es chocante enterarse de esto, dado que nuestro bando contaba con el beneplácito de la ONU desde el principio. Una vez más, me enteraría a posteriori que las fuerzas azules (unknown) habían capturado y ejecutado a un comandante de los boinas azules; lo cual habían grabado en video poniéndose una banda amarilla en el brazo. Nos habían inculpado! Continuamos nuestro avance por el bosque hasta llevar a una pequeña casa, donde nos encontramos a un soldado enemigo y a un civil heridos. Nuestro medico se queda atrás para curarlos y después interrogarlos. Volvimos a la carretera y continuamos de camino hacia el pueblo. Tras recorrer otro kilometro o dos, vemos las casas en lo alto de una colina. Nuestra unidad de nuevo se despliega dentro del bosque para flanquear la posición. No obstante, parece ser que los enemigos han abandonado al pueblo, dejando a los civiles sin protección. Conquistamos el pueblo sin más problema y  algunos confraternizan con los civiles, quienes intentan vendernos drogas. Tras 20 minutos, se nos informa que la partida ha terminado. Y debemos recorrer a pie los 4 o 5 kilómetros que hay hasta nuestra base. Esperamos un poco hasta que un camión pasa y deja subir a dos de los nuestros. El resto continuamos, hasta que nos recoge un 4×4 a mitad de camino.

Total caminado con el equipo completo: unos 20 kilometros (parte por bosques súper densos).

Horas de acción reales: unas dos horas en total. El resto han sido marchas y esperas.

BBs disparadas: no llegarán a 300.

Bajas causadas: tres.

Veces muerto: dos.

Coste: entre ticket, gasolina y comida unos 100 €.

Merece la pena? SI.

 

A modo de conclusión, me gustaría comentar algunos puntos. Mis sentimientos son un poco contradictorios. Por un lado me lo pase genial, pero por otro lado me habría gustado tener un poco más de acción. Puede que el problema fuese de como me plantee que sería una MilSim (o quizás sea algo particular de esta, ya que es la primera vez que a voy a una y no puedo comparar). Yo -nosotros- esperabamos estar disparando bolitas a diestro y siniestro, interaccionar con los civiles y otros grupos de jugadores, capturar e interrogar a más prisioneros, utilizar los tanques (no conducirlos, si no interaccionar con ellos para cumplir misiones), etc. Pero no. El 70 u 80% de la partida fue caminar y estar esperando agazapado en un pozo de tirador ahuyentando a los mosquitos. De hecho, nunca pensé que sería fisicamente tan exigente por el simple hecho de caminar largas distancias con todo el equipo, muchas veces a través de bosques muy densos (lástima de machete). Como he indicado antes, quizás haya sido algo particular. Un poco de mala suerte con las misiones que nos fueron asignadas y el desarrollo del juego. Quizás otras unidades tuvieron un poco más de acción, sobre todo el reccon. No obstante, en nuestro grupo de 8 jugadores, 6 eramos infanteria, uno pertenecia a la infanteria mecanizada y otro a las fuerzas especiales (“unknown forces”). Y parece ser que todos más o menos tuvimos la misma impresión. Con todo y con esto, repetiria. Una y mil veces. En cierto modo es una experiencia bastante próxima a como serían maniobras militares reales (teniendo en cuenta que no tengo ni idea de como son!); y la presencia de vehículos militares dotaba a la partida de mayor realismo si cabe. Contabamos con media docena de todo terrenos Defender, un par de camiones 6×6 Sisu y un BMP, sin contar con los vehículos adaptados para jugar partidas de airsoft que cada grupo de jugadores se trajo. Y los pocos momentos de acción que tuvimos fueron impresionantes. No tiene precio el experimentar como la columna de infanteria con la que avanzas hace contacto a 200 metros y todos los jugadores se ponen ipso facto a cubierto en las cunetas, mientras disparan con todo lo que tienen, lanzan granadas de mano y solicitan fuego de mortero; y al mismo tiempo otros tantos jugadores son desplegados dentro del bosque para flanquear la posición enemiga al cobijo del bosque. En este tipo de partidas la dimensión tiempo y espacio son muchísimo mayores que en las partidas normales. En una partida normal juegas 5 horas en un recinto que puedes recorrer en un tiempo más que asumible. En esta partida, 5 horas fueron las que estuvimos simplemente en la primera posición. El primer día estuvimos jugando cerca de 12 horas prácticamente seguidas! Y las distancias. No hablamos de uno o dos kilometros cuadradados. Hablamos de que el transporte en un vehiculo de punta a punta puede llevarte cinco largos minutos. Caminando, fácilmente una o dos horas (especialmente en el bosque). De hecho lo peor que te puede pasar en una partida es ser impactado y tener que volver a pie; para volver al frente más tarde de nuevo a pie. Menuda paliza! Pero como dice mi madre, “sarna con gusto, no pica”. Ahora hay que prepararse para la siguiente!

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