Age of Sigmar: Cohortes de Huetzilopotzli #3


¡Hola! Saludos desde las calurosas selvas de Lustria (aunque si me asomo por la ventana solo veo metros y metros de nieve…). Aquí os traigo lo que he pintado para la segunda etapa de la Liga de Pintura. En realidad esta miniatura la pinté durante mis vacaciones Navideñas. Tenía la intención de pintar algo nuevo para esta segunda etapa, como una salamandra o alguno de los héroes saurio que van a pie, y reservarme la presentación del general de mi ejército para más adelante. Sin embargo, el pasado mes me mudé de casa, y como os imaginaréis, ha sido todo un no parar.  Así que nada, aquí os traigo y presento a Juancho “The Lizard”, montando a Mordisquitos.

 

Debo decir que esta es la miniatura más grande que jamás haya pintado. Dada la emoción, la monté el mismo día que me la dio Miguel. La caja te permite montar varias opciones de montura y jinete. El eslizón montado en un dragón chino no era plato de mi gusto, así que me decanté por el carnosaurio. En cuanto al saurio, tampoco me gustaba mucho el generalisísimo cubierto de piezas necronas, así que opte por algo más simple que mantuviese el espíritu de un ejército de Hombres Lagarto (me niego a secundar una campaña publicitaria de Sephora; mis lagartos no usan perfumes y no se llamarán ¡Sepharones!).

El saurio me lo pinté relativamente rápido mientras pintada los Saurus Guard, ya que he seguido exactamente el mismo esquema: piel verde y escamas también verdes pero más oscuras. Esta vez intenté meter una nota de color en el filo de la lanza y lo pinté simulando una lasca de obsidiana; si bien el efecto final deja un poco que desear. El proceso de pintura del carnosaurio fue otro cantar. Como he mencionado antes, nunca he pintado algo tan grande. Y desde el primer momento asumí que me sería imposible pintarlo en un solo día. Obviamente, claro que es factible hacerlo en tan poco tiempo. Y aunque la idea inicial para mi ejército de Seraphones era hacer un “fast painting”, el general de mi ejército se merece algo mejor y por ello decidí invertir tanto tiempo como hiciese falta. La forma de acometerlo fue la siguiente: primero pinte con aerógrafo la tripita en un color crema, tras lo cual pinté todas las escamas de color rojo. Tras barnizar, aplique un par de shades de Citadel por todo el monstruo. He de decir que el color que use funciono perfectamente para las escamas. Pero el shade era demasiado oscuro para el color crema de la tripa. Los contrastes resultantes son un poco excesivos. En cualquier caso, una vez pintados los colores base, me dispuse a dividir en secciones el monstruo. El primer día me pinte toda la tripita. El segundo día, me pinté la cabeza, incluyendo boca y ojos. Al siguiente, opté por las escamas de una pata y las escamas aledañas de la espalda. Y así sucesivamente. Me ponía metas asumibles para no estresarme y no intentar acelerar el proceso de pintura. Para pintar, siempre debemos hacerlo con calma. Las prisas nunca ayudan. Al final, en total me llevó algo más de una semana pintarlo a este ritmo, dedicándole algunas horas sueltas mientras disfrutaba del resto de mis vacaciones.

Cuando me dispuse a pintar las escamas me di cuenta de que la tinta o shade de Citadel no era suficiente para marcarlas o perfilarlas. Primero pensé en utilizar esmaltes y dar un segundo lavado por las ranuras. Pero como no tengo esmaltes en casa de mis padres en Madrid, al final me decidí a hacer un perfilado con un pincel fino y un poco de pintura negra. Aunque un poco tedioso, me gustó el resultado. Como colofón, también decidí trabajar un poco las escamas para ganar aún más contraste; y pinté un par de lu

ces a en los rebordes de cada escama. Finalmente, siguiendo uno de los esquemas de color del libro de ejército, pinté la línea de escamas de la columna vertebral de color negro, así como otras líneas de escama en las extremidades.

Cuando me volví a Finlandia me traje a Juancho conmigo en el equipaje de mano, no sea que se asfixiase en la maleta. Tristemente, aunque pensé que el embalaje que había preparado sería suficiente, Juancho y mordisquitos acabaron diseminados en piececitas en su caja de transporte. Básicamente se despegó el trono, Juancho y las riendas, junto a un buen número de desconchones identificables. Tras poner una vela a San Cucufato como penitencia, decidí hacer algo más que repararlo: imanté todas las piezas rotas, de tal manera que ahora si tengo que transportar la miniatura puedo separar cada una de las piezas más sensibles: Mordisquitos, Juancho y el trono junto a las riendas. Dado el inmenso tamaño de la figura, es algo que debería haber hecho desde un principio.

En cuanto al rendimiento de Juancho en combate, debo decir que de las dos o tres partidas que jugué mientras aún estaba en Madrid, el bicho se comportó muy dignamente. Quizás tiene una salvación un poco blandurria; pero como cace algo, las mandíbulas de Mordisquitos no lo sueltan hasta que muera. ¡Cosa que suele ocurrir en el primer turno!

 

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